jueves, 23 de marzo de 2017

EL VIEJO LOGAN

PRIMERO, PONGÁMONOS EN CONTEXTO...

Aunque Lobezno debutó en un hoy mítico episodio de "Hulk" en el que se enfrentaba al coloso esmeralda, no sería hasta su incorporación a la formación de los X-Men (o Patrulla-X para los aficionados españoles) que alcancaría cierta notoriedad. Esta incorporación se produjo allá por el 1975 en el no menos mítico Giant Size de los X-Men titulado "Segunda génesis".

Dave Cockrum, dibujante de la colección, se encargaría de 'afinar' el diseño original de Herb Thrimpe, en particular la que durante mucho tiempo fue su característica máscara. Pero Cockrum tenía cierta antipatía por el personaje, al que consideraba demasiado salvaje y malcarado. Sus simpatías las reservaba al que rápidamente se convirtió en su hombre X favorito, Rondador Nocturno. El guionista Chris Claremont, que se encargaba el título en aquellos gloriosos años, era conocido entre otras cosas por buscar siempre el máximo grado de entendimiento con los dibujantes con los que colaboraban, así que no tuvo mayor inconveniente en ceder a los deseos de Cockrum y otorgar a Rondador Nocturno un protagonismo preponderante. Juntos suavizarían los rasgos inicialemte deomiacos de Kurt Wagner: Cockrum dulcificaría su expresión y Claremont le dotaría de un caracter más alegre y optimista. Respecto a Lobezno, tal era la inquina que inicialmente sentía Cockrum hacia él que le propuso a Claremont liquidarlo en alguna aventura.

Pero en el número 109 de la colección Cockrum, a causa del agotamiento, cedió los lápices a John Byrne. Byrne, inglés de nacimiento pero canadiense de adopción, sintió una inmediata inclinación hacia Lobezno, que, recordémoslo, es de nacionalidad canadiense. Byrne se empeñó en potenciar la popularidad de Lobezno, y Claremont no puso objeción alguna. Poco a poco fueron introduciendo elementos que lo harían más atractivo a los lectores, más allá de la idea de mutante salvaje y de 'garra fácil'. Descubriríamos que Lobezno tiene un pasado oculto, se harían menciones a sus trabajos como espía y mercenario, sus conexiones con Japón (descubriríamos que habla japones de forma fluida), su facilidad para entenderse con cierta especies animales (particularmente los felinos)... Veríamos un Lobezno más complejo, más misterioso y también más humano. Lobezno, o Logan, como lo conoceríamos prontamente, es un individuo con una acusada lucha intenterna, en la que su humanidad trata siempre de sopreponerse a su instinto animal. También descubriríamos que es capaz de sentir pasión (está secretamente enamorado de Jean Grey, su compañera de equipo) e incluso ternura (de especial delicadeza es el trato que mantiene con la aristócrata Mariko Yashida). Al margen de rasgos distintitivos (fuma puros y bebe cerveza) descubriremos otra serie de aspectos del personaje que lo hacen mucho más rico: su sentido del honor y de la amistad (en particular hacia sus compañeros Coloso y Rondador Nocturno), pero también su rudeza y su furia contenida (notoria es su rivalidad hacia Scott Summers, alias Cíclope y novio de Jean Grey).

El primer punto de inflexión en el desarrollo del personaje lo tendremos durante la "Saga de Fénix Oscura", en el número 133, titulado precisamente "Lobezno solo". No solo porque veremos a un Lobezno más salvaje que nunca, sino porque protagoniza en solitario buena parte del episodio, demostrando que puede llevar sobre sus espaldas la responsabilidad de erigirse en personaje protagónico. Sin duda este episodio fué el primero que marcó la ascensión del personaje al estrellato, y uno de los que más contribuyó a incrementar su leyenda.
Más tarde, durante la saga de "El Nido", Lobezno protagonizaría un episodio de La Patrulla-X completamente en solitario, el nº 162. Además las particularidades de la trama (Lobezno se alla abandonado en un planeta alienígena rodeado de depredadores de todo tipo), permite al guionista Chris Claremont mostrarnos un Lobezno completamente desatado, como nunca lo habíamos visto hasta la fecha. Podría decirse que dicho episodio fue una prueba de fuego que venía a demostrar que Lobezno, cuya fama ya estaba completamente consolidada, era capaz de llevar en solitario en peso de una historia sin las aportaciones de sus compañeros de equipo.

En los años 80 Marvel Comics estab experimentando con nuevos formatos, novelas gráficas y miniseries, en los cuales podía desarrollar tramas al margen de la continuidad habitual de sus colecciones o centradas en personajes de nuevo cuño u otros a los cuales se les suele reservar un papel más secundario. Una de las primeras miniseries que publicaría Marvel estaría dedicada, como no, a Lobezno. Publicada en 1982, la guionizaría Chris Claremont, Frank Miller, que estaba realizando una labor magistral en Daredevil, se encargaría de los lápices aplicando su particular y cinético sentido de la narrativa, Josef Rubinstein se encargaría del entintado, dotando de un acabado más elengante a los lápices de Miller, por encima del muy eficaz pero siempre tosco acabado del habitual Klaus Janson, y Glynis Wein pondría la guinda del pastel aplicando el color final. Un auténtico dream team del momento, que daría como resultado una pieza maestra, en mi personal opinión lo mejor que nunca se ha escrito sobre el personaje.

 "Lobezno: Honor", como posteiormente se acabaría conociendo este trabajo, trataba de ahondar en las conexiones de Lobezno con el país del sol naciente (conocida es la predilección de Frank Miller hacia la cultura nipona) y profundizaba en la dicotomía hombre/bestia del personaje, comfrontándolo a los antagonistas femeninas de contrastado caracter: la dulce y sumisa Mariko Yashida, sometida al deber autoimpuesto hacia su familia y su apellido, y la salvaje Yukio, un alma libre y sin ataduras. Esta miniserie no solo contribuiría a enriquecer y ampliar el caracter del personaje, sino que además aclararía algunos aspectos de su naturaleza mutante (en especial todo lo que hace referencia a su factor de curación), y nos presentaría en última instancia lo que durante mucho tiempo ha sido la quintaesencia del personaje.

Aún así, si bien el misterio en torno a su origen ha sido uno de los rasgos definitorios de Lobezno, no se puede mantener a los lectores ignorantes durante mucho tiempo cuando éstos demandan saber más de uno de sus personajes favoritos. En los años 80 Lobezno era ya una estrella, disputándolo al mismísimo Spider-man el título de personaje más popular de la Casa de la Ideas. Así pues el mítico dibujante Barry Windsord-Smith asumió en 1991 la tarea de aclarar alguos aspectos del origen de Logan y lo hizo en un proyecto serializado en la colección Marvel Comics Present, que llevaba por título "Arma-X".


En las páginas de La Patrulla-X ya se habían ido aclarando algunos momentos cruciales del pasado de Lobezno. Sabíamos que había tenido un pasado duro, que había sido 'adoptado' por el matrimonio formado por James Hudson (futuro lider de Alpha Flight con el nombre código de Guardián) y su esposa Heather, que Hudson lo integraría en un proyecto auspiciado por el servicio secreto canadiense donde Logan recibiría el nombre código de 'Arma-X' y dónde recibiría sus afamadas garras y su esqueleto de adamantium. Sabíamos pues que tanto su esqueleto como sus garras no eran de origen natural, sino un inserto artificial, y que por lo tanto sus poderes mutantes residían en una fuerza y reflejos superiores, unos sentidos hiperagudos y, muy especialmente, un factor de curación que hacía que cualquier herida, envenenamiento o enfermedad sanase a una velocidad de vértigo.

Así pues Barry Smith parte de esas premisas para  explicarnos las circunstancias en las que Logan adquirió sus garras y su esqueleto metálicos. Smith aplica su virtuosismo para el dibujo (de clara influencia pre-rafaelita) y construye un relato alambicado que nos sumerge en la mente del protagonista y su lucha interna para mantener su humanidad y sobreponerse a la bestia que yace en us interior. Barry Smith juega con las percepciones de forma intencionada, haciéndonos dudar de hasta que punto lo que estamos leyendo es algo real o algo que forma parte de la mente del protagonista.

'Arma-X' se convertiría en otra de esas obras de culto dentro del devenir del personaje, y posiblemente en el último gran relato sobre el mismo. A finales de los 80 Chris Claremont ya comenzaba a dar muestras de agotamiento en la franquicia mutante, y no sabía muy bién hacia donde evolucionar sus personajes. Buena muestra de ello es el personaje de Tormenta, que tras tener una evolución modélica que la convirtió en uno de los miembros más fascinantes del grupo mutante (primero asumiento sorpresivamente las labores de liderago, luego con un radical e inesperado cambio de imagen y actitud, finalmente con la pérdida de sus poderes, que hizo que no solo no perdiese interés, sino que lo enriqueciese aún más), finalmente iniciaría un camino hacia el estancamiento y la involución cuando recuperó sus dones en la saga "La caída de los mutantes". Lobezno, en las manos de Claremont, fué otro de esos personajes que terminó por acabar estancado.

Tras la marcha de Claremont de los título mutantes por diferencias creativas con la editorial, sus personajes y colecciones cayeron en manos de otros autores que no solo fueron incapaces de ofrecer un punto de vista original o novedoso sobre los mismos, sino que introdujeron cambios que, como poco, iba a ser bastante discutibles. Lobezno posiblemente fué el personaje que más perjudicado se vió en dicha tesitura. Los 90 y los años posteriores fueron una época, en general, de perdida de calidad e interés en los títulos de superhéroes de Marvel Comics. Lobezno, siendo el personaje marvelita, junto con Spider-man, de la Casa de las Ideas, fué sometido a una sobreexplotación que acabó con la paciencia de muchos lectores. Si el trepamuros protagonizaba 3 o 4 series mensuales y aparecía como invitado especial en otros títulos de la editorial, Lobezno no le iba a la zaga. Para hacernos una idea: el mutante de las garras de adamantium ha formado parte de la Patrulla-X, X-Force, los Vengadores e incluso los 4 Fantásticos, y durante una larga temporada ha simultaneado su pertenencia a 3 grupos distintos a un mismo tiempo (X-Men, X-Force y Vengadores) a la vez que protagonizaba sus propias aventuras en solitario en su propia colección, lo que dió pié a un socarrón episodio en el que se mostraba la complicada agenda semanal del mutante. Lobezno parecía haber desarrollado un nuevo poder mutante: el don de la ubicuidad.

Si esta sobreexplotación incidía en una sensación de agotamiento sobre el personaje, no menos irritantes (en mi opinión personal) resultaban algunos cambios aplicados en cuanto a su naturaleza y origen. Sus inicios sería reescritos en varias ocasiones, insistiendo en que lo que ya conocíamos sobre el personaje era falso, poniendo así a prueba la paciencia de muchos lectores. Pero aún más burdas resultaban algunas de la revisiones en cuanto a la naturaleza intrínseca del mutante, como el hecho de que Lobezno poseía unas garras de hueso naturales y que el adamantium era solo un revestimiento de las mismas, o aquella otra que nos intentaba convencer que gracias a su factor de curación Lobezno era prácticamente inmortal y mucho más viejo de lo que aparentaba, situando su origen en los albores de la guerra de la independencia americana.

Reconozco que en aquel mometo me apeé del personaje y de las colecciones mutantes porque no me convencían los cambios que me porponían, y no sería hasta mucho más tarde cuando volvería a reencontrarme con el 'viejo Logan'.

LAS VERSIONES CINEMATOGRÁFICAS... 


Mientras Lobezno deambulaba con mayor o menos fortuna por diversas colecciones marvelitas, en el año 2000 se estrena la primera adapción en la gran pantalla de un comic Marvel de superhérores. Obvio naturalmente sub-productos previos que adaptaban con mediocres resultados a Spider-man, los 4 Fantásticos o el Castigador. "X-men", dirigida por Bryan Singer, inagura la edad de oro de los comics Marvel en las salas cinematográficas. No me extenderé de nuevo en los problemas de derechos que sobre los personajes Marvel se reparten Marvel Studios, Fox y Sonny Pictures. Sí recalcaré que no deja de ser curioso que en vez de optar por personajes más icónicos de la casa de las ideas (Spider-man o el Capitán América) el pistoletazo de salida se hiciese con un grupo de personajes que si bien eran los más vendidos de la editorial y los más populares entre los aficionados, no eran tan conocidos por el gran público y más aún por aquellos que no tienen ningún conocimiento del mundo de los superhéroes. Más o menos casi todo el mundo sabe quienes son Batman, Superman o Spider-man, pero ¿Lobezno? ¿Tormenta? ¿Cíclope? Esta primera producción no estaba exenta de riesgos, pero afortunadamente estos se saldaron con un considerable éxito de taquilla.

Este primer acercamiento de Brian Singer a la franquicia mutante no estaba exento de interés. Singer no deja de ser un artesano más o menos inspirado, sin una puesta en escena particularmente original ni una visión cinematográfica especialmente personal. Sus virtudes se muestran antres sobre el papel que detrás de la cámara y es ahí donde logró sus mayores aciertos en este primer film, al dotarlo de un enfoque socio-político buscando enfrontar las posturas idelógicas de Charles Xavier y Magneto, que como ya comenté en una ocasión pueden verse como trasuntos de Martin Luther King y Malcom X respectivamente. Es discurso lo conservó y amplió en la secuela de ester primer film.

Dejando a un lado interpretaciones de cualquier tipo, uno de los puntos fuertes de esta adaptación cinematográfica residía en el acierto de parte de su casting. A mí personalmente Halle Berry me parece una actriz mediocre, y carece de la fascinación que se supone a un personaje como Tormenta (modelos como Iman o Tyra Banks se acercan muy más a la 'divinidad' de Ororo); por otro lado James Mardsen es un actor bastente insípico, aunque también hay que admitir que poco podía hacer con un Cíclope tan desdibujado como el de este primer film. Ana Paquin es una actriz solvente y Famke Jansen, pese a lo limitado de su registro, tiene una presencia siempre fascinantes. Quienes realmente destacaban en el elenco eran, por un lado, Sir Ian McKellen derochando clase e ironía británicas, Patrick Stewart demostrando su saber estar, y un hasta entonces poco conocido Hugh Jackman haciendo valer un insospechado carisma.

"X-Men" lanzó a Hugh Jackman al estrellato y el australiado interpretaría al personaje de Lobezno en 7 ocasiones más incluyendo sendos cameos no acreditados en "X-Men: Primera generación" (2011) y "X-Men: Apocalipse" (2016). En el interín, en el 2009 Jackman interpretaria el primer film de Lobezno como protagonista en solitariom, "Lobezno: Orígenes", al que seguirían 2 secuelas más en el 2014 y ahora en 2017 con "Logan". Conviene señalar que si bien Marvel Studios siempre ha puesto un especial cuidado en mantener la cohesión interna de todas sus producciones, que funcionan como un todo perfectamente integrado, incluyendo productos televisivos como "Agentes de S.H.I.E.L.D." o "Agente Carter", Fox, propietaria de casi toda la franquicia mutante, ha preferido mantener la independencia argumental de cada uno de sus títulos. En este sentido, tratar de ordenar cronológicamente los diferentes títulos dedicados a los X-Men sin incurrir en inconsistencias de algún tipo (con personajes que se repiten pero que tienen un tratamiento diferente, por ejemplo, como sería el caso de Emma Frost, Deadpool, Mística, Dientes de Sable o los propios Xavier o Magneto) es una tarea condenada al fracaso.

En cualquier caso es innegable que la carrera de Jackman debe mucho a Lobezno, y el actor australiano no solo no reniega de él sino que siempre ha manifestado su agracecimiento hacia el personaje. Para mucho aficionados actor y personaje ya están unidos de forma indeleble, lo que no deja de ser curioso, por que en los comics Logan es bajito (poca más de 1,60 m.), malcarado y de rasgos duros, mientras de Hugh Jackman suepra el metro noventa y es innegablemente atractivo.

LAS FUENTES DE INSPIRACIÓN...

La primera aproximación de Mark Millar al personaje de Lobezno, aquella saga titulada "Enemigo del estado", era tan exagerada que rozaba la caricatura. Poco después, en el año 2008, volvería a retormar el personaje en una miniserie que trataba de ofrecernos una imagen inusual del mutante de las garras de adamantium. Os pongo en contexto, y para ello os aviso que voy a incurrir en algún que otro SPOILER necesario. La historia arranca con un Logan envejecido y agotado, que ha formado una familia y que vive retirado en una granja del medio oeste americano, habiendo dejado atrás su pasado superheroico y negándose en rotundo en volver a desenfundar las garras. Poco después sabremos que esta historia está situada en un futuro más o menos próximo, en el cual el territorio de los Estados Unidos se lo han repartido una caterva de los más importantes villanos del universo Marvel: el Doctor Muerte, Kingpin, una versión malvada de Hulk, Craneo Rojo... ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Cómo han conseguido los villanos hacerse con el control de los EEUU? ¿Porqué Lobezno vive un autoimpuesto retiro? Con la ayuda de Ojo de Halcón Lobezno llevará a cabo una misión que lo obligará a cruzar territorio enemigo y con el único objeto de conseguir dinero suficiente para saldar sus deudas y proteger a su familia.


"Old Man Logan" o "El viejo Logan", como se tradujo en nuestro país, es un comic particularmente crudo y violento. La historia de Mark Millar versa particularmente sobre la necesidad de redención, y lo que nos explica precisamente es el viaje de Logan en busca del perdón. ¿Y dónde reside la culpa? (y aquí viene un SPOLER de los gordos... quien avisa...). Lobezno a matado a todos sus compañeros de los X-Men, victima de la treta de un villano que le ha hecho creer que se estaba enfrentando a otros supervillanos. Cuando lo descubre primero intenta suicidarse, y cuando no lo logra (su esqueleto irrompible y su factor de curación se lo impiden), decide dejar atrás su pasado como superhéroe, prometer que nunca volverá a desenfundar sus garras y rehacer su vida como granjero y padre de familia, una familia completamente humana. Es esa la situación, la ausencia de los X-Men, la que aprovecharán algunos supervillanos para hacerse con el control del govierno americado y repartirse el territorio estadounidense.

SIMPLEMENTE LOGAN...

Cuando James Mangol, director de "Logan", se propuso adaptar "Old Man Logan" era perfectamente consciente de llevar a la pantalla el relato de Mark Millar tal como había sido concebido originalmente. En parte por sus elevadas dosis de violencia, en parte por el elevado presupuesto que exigía mostrar en la gran pantalla el futuro post-apocalitptico que nos muestra el comic, pero sobretodo por los problemas de derechos que le iban a impedir utilizar determinados personajes y determinados conceptos.

Así pues "Old Man Logan" se quedó simplemente en "Logan" y lo que en la obra de Millar era una historia sobre la busqueda de redención, en la película de Mangold se trasformo en un relato sobre la necesida de transmitir un legado.

¿De qué va realmente "Logan"? El film, situado también en un futuro próximo, nos muestra desde el inicio un Lobezno envejecido, torpe, agotado. Muestra una ligera cojera y tiene problemas para desenfundar sus garras. Los años han pasado y el factor de curación de Lobezno no funciona ya igual de bien. Las heridas tardan más en curar y cuando lo hacen dejan cicatrices permanentes. Este Lobezno ejerce de chofer, conduciendo una lujosa limusina alquilada para aquellos clientes que pueden permitirse pagarsela, y al mismo tiemo hace las veces de cuidador de un senil Charles Xavier que ha perdido el uso de sus poderes. Ambos viven una existencia escondida en una suerte de desguace de chartarra en mitad de un desierto de la América profunda.

Muy pronto se nos expica que los mutantes han desaparecido, y que los pocos que quedan son perseguidos y asesinados. Por el contrario hay personas que se somenten voluntariamente a implantes cibernéticos con el objetivo de obtener mejoras físicas, como es el caso de Donald Pierce, uno de los antagonistas de Logan en el film.

Ante la imposibilidad de adaptar “Old Man Logan” en la forma original en cómo fue concebida, Mangol opta por tomar el relato de Millar como fuente de inspiración y llevarlo a su propio terreno, ofreciéndonos una historia completamente original y, vale la pena destacarlo, francamente interesante.

Esta historia sobre legados se vertebra en torno a un peculiar triángulo que adopta visos de familia disfuncional. Un triángulo cuyos 3 vértices lo conforman Xavier (el abuelo), Logan (el padre) y Laura (la hija). Xavier ha fracasado en su misión de transmitir su Legado a una nueva generación de la cual Logan es el último exponente vivo. Las vivencias personales han trasformado a Logan en su ser descreído y desencantado, mientras que Xavier, pese a conservar intacto cierto grado de optimismo, se ha convertido en un viejo senil incapaz de controlar sus poderes. Precisamente en cierto momento del film se nos insinúa que Xavier ha sido el causante involuntario de la caída de los mutantes que los ha llevado al borde de la extinción, al haber aniquilado (se supone) por accidente a sus antiguos alumnos en un arrebato descontrolado de sus poderes mentales. Logan es el último superviviente de los X-Men, y ha adoptado no sin cierta desgana la labor de cuidar de un ahora desvalido Profesor X. Tarea que asume no con el convencimiento de hacer pervivir el legado de aquel, sino simplemente como un sentido de la obligación hacia su antiguo profesor. A Logan lo único que le preocupa ahora es el bienestar de Xavier y la supervivencia de ambos.

La irrupción de Laura, una niña mutante que, según se nos explica, ha sido tratada con el ADN del propio Logan, convirtiéndola así en una especia de hija putativa, alterará los planes de uno y otro. Xavier verá en ella una especie de nieta perdida, una persona a través de la cual podrá trasmitir y mantener vivo su antiguo legado de coexistencia pacífica entre humanos y mutantes. Logan se mostrará al inicio reticente a asumir dicha tarea, pero aceptará llevarla a cabo movido por sentido del deber. En el camino Logan deberá hallar las razones para recuperar el legado de Xavier, renovar su creencia en él y encontrar la motivación para buscar nuevos depositarios de dicho legado, al tiempo que deberá aceptar una forzada paternidad.

Así pues, la historia de búsqueda de redención de “Old Man Logan” se transforma en “Logan” es una historia sobre legados generacionales. Mangold se distancia intencionadamente tanto de la obra de Mark Miller como de los films precedentes de la franquicia mutante. Por un lado, despoja la historia de cualquier pátina superheroica, ofreciéndonos a cambio un film que oscila entre la road movie y, sobretodo, el western crepuscular. Se pueden trazar paralelismos entre este “Logan” y el “Sin perdón” de Clint Eastwood, y el hecho de que en un momento del film se inserten imágenes de “Shane” de Georges Stevens, film del 1964 interpretado por Alan Ladd y que en España conocimos bajo el título de “Raíces profundas” no es trivial, pues dicho film nos habla precisamente del peso del pasado y de la imposibilidad de cambiar la naturaleza humana, y de cómo ese pasado condiciona nuestro presente y afecta a las personas que nos rodean. Si se puede trazar un paralelismo entre el protagonista de “Shane” y el de “Sin perdón”, para puede establecerse las mismas comparaciones entre ambos y el Logan de este último film de James Mangold, pues este Lobezno también es un personaje al que le abruma el peso de sus acciones pasadas, muchas de ellas vinculadas a un pasado violento y oscuro como soldado, mercenario y asesino. La elección de un referente como ”Shane” cobra además un nuevo sentido cuando nos fijamos en la relación paterno-filial que se establece entre el personaje de Alan Ladd y el niño co-protagonista, relación que, salvando las distancias, también tiene su reflejo en “Logan” en la relación, al principio forzada y renuente, que se establece entre Lobezno y Laura, relación que irá mutando a lo largo del film, desde la indiferencia hacia el cariño sincero, pasando por la aceptación y la necesidad de contacto humano.

La carrera de James Mangold, el director de "Logan", es un tanto errática. Entre otros films en su filmografía podemos encontrar la insulsa y ñoña "Kate & Leopold" (2001), la correcta aunque interesante "En la cuerda floja" (2005), la entretenida "El tren de las 3:30" (2007) y la irregular "Lobezno inmortal" (2013). A mí personalmente no me parece un director particularmente dotado o con un visión personal en su forma de hacer y entender el cine. Se desenvuelve correctamente en las escenas de acción, pero destaca más en los momentos intimos. Quizás por eso este "Logan" se ha salido mejor, en mi opinión, que su anterior incursión en las aventuras del mutante. Son precisamente en las escenas en que interactúan Logan, Xavier y Laura donde vamos a encontrar lo mejor del film, y también destacaría la buena caracterización que nos ofrece tanto de Calibán como del villano de la función, Donald Pierce, que no es un villano al uso y del cual nos ofrece un interesante retrato de personaje con fisuras y no exento de cierta fragilidad. En este sentido cabe destacar la absoluta entrega de Patrick Stewart y Hugh Jackman en sus papeles. Mangold les ha permitido hacer evolucionar sus personajes ofreciéndonos unas caracterizaciones muy diferentes de las que habíamos visto hasta la fecha. Si Patrick Stewart nos había mostrado anteriormente un Xavier rígido, formal, en una interpretación un tanto constreñida (el estar permanentemente sentado en una silla de ruedas contribuía a ello), ahora nos regala un auténtico recital interpretativo, un Xavier senil, frágil, consumido, con arranques de locura, un retrato patético no exento de ciertos momentos humoristicos (oir al Profesor X lanzar según que exhabruptos puede resultar todo un shock para los conocedores dle personaje). Por otro lado Hugh Jackman también hace avanzar a su personaje hacia un nuevo status, menos 'de una pieza', menos resolutivo; su Logan es un individuo roto, quebrado, superado por las circunstancias, que mira de sobrevivir como puede, sin ilusiones ni ambiciones. Ambos realizan un trabajo interpretativo magnífico, y si no estuviésemos hablando de un film de género, y más aún de uno tan denostado por ciertos sectores de la crítica especializada, posiblemente habrían obtenido y mayor (y merecido) reconocimiento a tu trabajo en forma de premios.

"Logan" es un film seco, duro, sin concesiones. No tanto por su violencia gráfica como por el tratamiento dramático de la historia. Pero también es el primer film de la franquicia mutante producida por Fox que logra emocionar al espectador. Como film de superhéroes puede ser más modesto que películas como "Vengadores" o cualquier otra de las que han salido de Marvel Studios, pero como film dramático supera a cualquiera de ellos. Su trama no está exenta de elementos de interés más allá del mero relato de aventuras, sus interpretaciones son de primer orden y su realización es más que correcta. Quizás "Logan" debería ser el espejo en que se mirasen las próximas producciones basadas en personajes de la Marvel Comics.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? El caristma que derrochan tanto Hugh Jackman como Patrick Steward; el tono crepuscular del film; las escenas en que Dafne Keen no habla. ¿Lo peor? Dafne Keen apunta maneras de actiz, pero en el momento en que abre la boca su personaje pierde interés, y no por que la joven actriz haga una mala interpretación, sino simplemente porque le resta misterio al personaje de Laura.

lunes, 16 de enero de 2017

VA DE CINE (y2)


LA LA LAND

Reciente trinfuadora de los Globos de Oro 2016 y firme candidata a arrasar en la próxima entrega de los Oscars de la academia de Hollywood, llega a nuestras pantallas uno de los films del año, "La La Land", film doblemente sorprendente por venir de quién viene: Damien Chazelle, director de la aclamada "Whiplass".

Y digo sorprendente porque, si "Whiplass" era una film que hacía uso de cierta mirada intimista y cierta contención expositiva pese a la intensidad que destilaban algunas de sus escenas, "La La Land" es un film exhuberante, radiante, luminoso. Debo confesar que he disfrutado viendo esta película como hacia tiempo que no disfrutaba en una sala de cine. Con ello no quiero decir que "La La Land" sea mejor o peor que otros films, pero en un momento en que la industria apuesta descaradamente por 'franquiciar' la mayoría de sus productos (y que mejor ejemplo que los recientes spin off de sagas como "Star Wars" o "Harry Potter", o todo lo que nos ofrece últimamente el cine de superhéroes) es de agracerder un producto tran fresco como éste, un musical que no está basado en ningún éxito previo ni ninguna obra teatra de Broadway, sino que es una película de concepción enteramente original, que expone sin disimulo alguno su amor por una forma de hacer películas que hace mucho que se ha perdido.

Filmado en un glorioso Cinemascope, haciendo uso de una paleta de colores que la hermana directamente con el cine de Vincent Minelli, y unas coreografias dignas de un Jacques Demmy o un Stanley Donnen, "La La Land" arranca con una secuencia que es toda una declaración de principios: un prodigioso plano secuencia filmado en una autopista de acceso a Los Angeles, con 30 bailarines profesionales y más de un centenar de figurantes. A partir de ahí Chazelle nos cuenta una historia de tintes agridulces, repleta de diálogos ágiles, de notas de humor, de sabor a clásico, de coreografías vertiginosas e interpretaciones memorales. Lo de Emma Stone y Ryan Gosling (que coinciden por tercera vez en pantalla) es pura química, y ambos destilan un savoir faire digno de las antiguas estrellas de Hollywood. Ella derocha carisma y él demuestra que es un actor de asombrosa versatilidad, con una nada desdeñable vis cómica más allá de su aclamada y hierática interpretación en "Drive". ¿Alguna pega? Sí. Ambos son grandes actores y su trabajo actoral es encomiable, prácticamente llevan solos el peso de la película... pero sus voces son bastante limitadas, y a pesar de sus evidentes esfuerzos no son capaces muchas veces de defender las preciosas canciones compuestas por Justin Hurtwitz (música), Ben J. Pasek y Justin Paul (letras).

Pese a todo, Chazelle pone toda la carne en el asador y nos regala un film con sabor al Hollywood de antaño, que no oculta sus referentes principales (Vicente Minelli, Casablanca, Bob Fosse, Jacques Demmy...) pero que tampoco desdeña ciertos toques de modernidad (Chazelle demuestra una técnica y pericia con la cámara digna de, por ejemplo, Martin Scorsese, al tiempo que evita hábilmente caer en el recurso fácil del videoclip a la manera de un Bazz Luhrmann). "La la Land" destaca sobre todo por una puesta en escena ágil, dinámica y fresca, lo que hace más disfrutable el film si pensamos que su director asume no pocos riesgos: usar una historia y una partitura 100% originales, filmar todos los números musicales en plano secuencia, 'a la manera de antaño', combinar el preciosismo formal con el clasicismo argumental, y derivar la trama hacia un final agridulce, muy a contracorriente del cine 'made in hollywood', y más tratándose de un musical.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? Su reivindicación del cine como espectáculo lúdico y su defensa de algo cada vez más escaso en pantalla grande: la MAGIA del cine. ¿Lo peor? Ni Emma Stone ni Ryan Gosling tienen una gran voz, lo que desluce muchas de las espléndidas canciones del film.


LA LUZ ENTRE LOS OCEANOS

Posiblemente la mayoría de espectaroes descubrimos a Derek Cianfrance por "Blue Valentine" (2010), contenido melodrama que nos hablaba de la crisis de una pareja interpretada por Michelle Williams y Ryan Gosling. Cianfrance repetiría más tarde con Gosling en "Cruce de caminos" ("The place beyond the pines, 2012) donde intentaba llevar más allá los resortes del melodrama, introduciendo una mirada más airada al relato.

En su intento, presumo, de capar la emoción del público, Cianfrance aborda ahora una historia de tintes trágicos que nos habla de un matrimonio incapaz de tener hijos, a los que el azar regala una niña. Cianfrance construye un relato que intenta hermanar la majestuosidad formal de un David Lean con la tradición literaria de Charles Dickens, al exponernos un drama no exento de lecturas morales.

Sin embargo, los referentes tanto de Lean como de Dickens a Cianfrance le vienen algo grandes. El director no sabe (o no quiere) contextualizar la historia en un marco histórico determinado, algo que sí sabía hacer muy bien el director de "Doctor Zhivago" o "La hija de Ryan", film este último que parece haber estado en la mente de Cianfrance para rodar esta película.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? Michael Fassbender, Alicia Vikander y Rachel Weisz, un trio de actores en estado de gracia que emocionan solo con la mirada; y la bellísima partitura de Alexandre Desplat. ¿Lo peor? La falta de intensidad en la exposición del relato: Cianfrance no es David Lean, pero tampoco Douglas Sirk.


LOVING

Richard y Mildred Loving fue uno de los primeros matrimonios interraciales en formalizarse en Estados Unidos. Pese a que su unión de hecho era tolerada en la comunidad en que vivían (el estado de Viginia), el hecho de formalizar su matrimonio en Wasington, en contra de la legalidad vigente en Virginia, les llevó a la carcel. La única salida posible a su situación era o disolver el matrimonio o abandonar el estado, dejando atrás a su familia, trabajo y amigos.

Jeff Nichols, director que ya nos había deslumbrado con la modélica "Mud" (2012) afronta la historia de Richard y Mildred con una clara objetividad y con la intención de fijarse más en los pequeños detalles que no en las declaraciones grandilocuentes. Podría haber enfocado el relato centrándose en los procesos judiciales en los que se vió inmerso el matrimonio Loving para que su unión fuese legalmente reconocida. Podría haber enfocado su film en clave social, como film político, para hablarnos de derechos civiles. Pero en vez de ello la aproximación de Nichols es intimista, cercana y cálida. El director opta por observar las reacciones del matrimonio ante una serie de situaciones que les superan y que no puede controlar. En este aspecto es francamente ilustrativa la secuencia en que un fotógrafo de la revista Life acude a casa de los Loving para observarlos en su intimidad y hacer un reportage de su vida en común y su quehacer cotidiano. Esa breve secuencia marca el tono general del film.

Pero el film no se sostedría sin el esplendido trabajo de sus actores, entre los que destacan Marton Csokas, el siempre eficaz Michael Shannon, pero sobre todo unos portentosos Ruth Negga y Joel Edgerton en dos de las mejores interpretaciones del año. Dos trabajos actorales inmensos que reflejan la dificultan del matrimonio para comunicarse entre si (ella es reservada mientras que la actitud de él oscila entre la dureza y la ternura), pero que al mismo tiempo demuestran que son capaces de decirse mucho a base de miradas y pequeños gestos.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? Las interpretaciones de Ruth Negga y Joel Edgerton. ¿Lo peor?  Aunque sea injusto mencionarlo, su factura de telefilm.


COMANCHERIA

Si más arriba comentaba que "La La Land" de Damien Chazelle es un film a contracorriente en el panorama cinematográfico actual (el musical no es precisamente un género de acceptación mayoritaria hoy en dia, y más cuando no está basado en un éxito conocido de Broadway como podría ser "Chicago", "Hairspray", "Los miserables" o "Into the woods"), "Comancheria", el último film de David Mackenzie, también tiene cierto sabor a cine 'de otra época', a medio camino entre el western clásico y el cine de Sam Peckinpah.

"Comancheria" nos narra la historia de dos hermanos, interpretados por un ajustado Chris Pine y un esplendido Ben Foster, que se meten en el 'negocio' de cometer atracos porque necesitan el dinero para poder pagar la hipoteca del rancho de su difunta madre. Un ranger de Texas, al que da vida un caristmático Jeff Bridges, comenzará a perseguirles para arrestarlos y llevarlos a prisión. Al margen del juego del ratón y el gato que se establece entre el sherif y los dos atracadores, "Comancheria" es un film que nos explica una manera de hacer y una forma de vida que no forma parte ya de nuestra realidad actual, sino que nos remite al viejo cine de bandoleros. Y lo hacer con un tono triste, cargado de nostalgia. Nostalgia que es a la vez añoranza por una manera de hacer cine y añoranza de un estilo de vida perdido: el fim en cierta forma reivindica la lfigura del ladrón que actua en base a principios de cierta nobleza (ambos hermanos quieren el dinero no para ellos, sino para ofrecer un futuro y mejores oportunidades a los hijos de uno de ellos).

La película destaca por su tono crepuscular, su sequedad expositiva y un tono de cierta melancolía que impregan todo el metraje. Es facil sentir emptatía por los dos atracadores, pero también por el ranger y su actitud falsamente racista (las puyas que suelta a su compañero indio-mejicano, no faltas de ingenio, no encierran sino un profundo respeto hacia el mismo, cosa que se manifiesta en cierta secuencia trágica del film).

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? Su tono crepuscular y su ajustado retrato de personajes. ¿Lo peor? Nada en particular.


ROGUE ONE

Parece ser que después de los varapalos a "El despertar de la fuerza" por parte tanto de la crítica como del fandom, los responsables de "Rogue One: Una historia de Star Wars" decidieron apostar por desmarcarse (un poco) de las líneas maestras de la saga cinematográfica creada por George Lucas e intentar ofrecer un producto más novedoso. Las intenciones eran loables. Los resultados son discutibles.

"Rogue One" no es un mal film, y se agradece que se haya intentado ofrecer escenarios y situaciones algo novedosas, algo que J. J. Abrams no supo o no quiso hacer. "El despertar de la fuerza" era un film lastrado por el miedo de su realizador a la aceptación por parte del público ante lo que es una de las sagas más icónicas de la historia del cine. El resultado fué una suerte de 'remake' mal disimulado de "Star Wars", el film fundacional, y "El imperio contraataca", pero sin la capacidad de sorpresa, sin la solidez y sin el sense of wonder de ninguno de ellos.

Garreth Edwards, director de la muy interesante "Monsters" (2010) y del remake americano de "Godzilla" (2014), quiso plantearse este spin-off como un film bélico, más próximo, posiblemente, a "Salvar el soldado Ryan" que no a "Una nueva esperanza" o "El retorno del Jedi". De haber contado con la libertad para hacerlo quizás hubiésemos tenido un film más interesante, pero el miedo por parte de los estudios (no olvidemos de Disney es la propietaria actual de Lucasfilm) a que el director se pasase de vueltas en su visión más oscura de la historia, produjo no pocas injerencias que dieron como resultado sucesivas reescrituras de guión y no pocos cambios en el montaje final, algo fácilmente apreciable si uno observa con atención los primeros trailers comerciales, en los que vemos bastantes secuencias que no acabaron formando parte del montaje final.

Quizás el mayor problema de esta película radica en la presencia de un conjunto de personajes protagonistas absolutamente faltos de carisma (Felicity Jones es una buena actriz, pero aquí da la impresión de estar despistadísima). lo que hace que el espectador no sienta empatía alguna ante sus tribulaciones y problemas. La ausencia prácticamente absoluta de notas de humor (elemento caracteristico en la saga) y ciertas derivas argumentales dan como resultado un film que no carece de algunas set pieces memorables, pero que se olvida fácilmente por su nula trascendencia. Resulta sintomático que una de las sorpresas más agradecidas sea la (asombrosa) recreación digital del gobernador Tarkin y que el momento más aplaudido del film sea el protagonizado por Darth Vader. 

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? El momento Darth Vader, por supuesto ¿Lo peor? Los sucesivos remontajes y reescrituras de guion, que redundan en un producto falto de entidad.


LA TORTUGA ROJA

Tras la retirada de la dirección de las auténticas alma mater del Estudio Ghibli, Hayao Miyazaki e Isao Takahata, y el abandono de Hiromasha Yonebayashi para emprender proyectos más personales, todo hacia presagiar que los míticos estudios de animación nipones lo iban a tener dificil para continuar ofreciendo las magníficas películas que nos habían regalado hasta la fecha.

Sin embargo, la contratación de un director extrangero, en este caso el holandes Michael Dudok de Wit, ha abierto nuevas puertas a la creatividad de los estudios, pues la primera incursión de este director en el largometraje, "La tortuga roja", no solo es un film que encaja perfectamente con el ideario del estudio (la defensa de los métodos de animación tradicionales, los valores ecológicos, el tratamiento de la historia y los personajes por encima de la técnica...), sino que al mismo tiempo es una película muy diferente, tanto estética como narrativamente, a las habituales del estudio. Dudok asume dos riesgos evidentes. El primero apostar por un film mudo, donde los personajes se comunican únicamente con los gestos y las onmatopeyas; el segundo prescindir de los rasgos típicos de la animación Ghibli para decantarse por la línea clara más próxima a Hergé.

El resultado es un film bellísimo, donde el encuadre, las texturas y la paleta de colores tienen una importancia capital. Y al mismo tiempo es una película emotiva, cargada de melancolía, triste en muchos aspectos, como lo es de hecho el ciclo vital del ser humano.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? No hay un solo plano que no sea una belleza. ¿Lo peor? Nada.


TRAIN TO BUSAN

Una de las trinfuadores del último festival de Sitges fue este film del coreano Sang-ho Yeon, donde se llevó el premio a los mejores efectos especiales. Dejando al margen su indiscutible calidad técnica (donde los maquillajes, aunque eficaces, destacan por su austeridad... vamos, que no estamos hablando del trabajo de un Greg Nicoterio en "The Walking Dead"), "Train to Busan" descaca por dos aspectos. Por un lado su habilidad para manejar resortes propios del melodrama e integrarlos sin chirriar dentro de un film de género: hay persecuciones, hay acción bien dosificada, hay, por supuesto, zombies rabiosos; pero por encima de todo hay unos personajes bien caracterizados y bien escritos, y un desarrollo dramático mesurado y bien llevado a lo largo de la trama. Por otro lado nos encontramos que "Train to Busan" encierra una indisimulada lectura en clave socio-política (un compañero del programa de radio en el que participo, 'Cinema desde el galliner', me dio una clave muy inteligente para interpretar la película al decirme que él no veía zombies, sino 'trabajadores enfadados'). Al mismo tiempo el film nos ofrece un crudo y desesperanzador retrato de la condición humana, en el cual la dualidad de enfrentarse a la elección de ayudar al prójimo o salvar la propia piel no siempre deriva en un resultado que retrate precisamente los rasgos más positivos del ser humano.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? Su lectura en clave de metáfora política. ¿Lo peor? Que muchos espectadores solo vean en ella 'una película de zombies más.

sábado, 24 de diciembre de 2016

MIS MEJORES DEL 2016

Una vez más se acaba el año y una vez más hago mi personal repaso de lo que nos ha deparado éste en terminos cinematográficos. Si algo ha dejado claro este 2016 que está a punto de emitir sus últimos esterterores, es que, al menos en lo referente a la producción norteamericana, el cine se ha convertido más que nunca en un mero producto mercantil alejado de cualquier aspiración artística. Es cierto que hay directores y productores que todavía creen en el cine como medio de expresión cultural, tanto dentro de la majors como en el cine independiente. Pero cada vez es más frecuente ver en las salas exhibidoras películas que no son más que extensiones de franquicias más o menos consolidadas que no buscan más que perpetuar el exito de films precedentes. De ahí la proliferación de secuelas, remakes y reboots de todo tipo. De ahí el abuso de formulas genéricas, como ocurre con el genero del cine de superhéroes, que no aportan nada nuevo. De ahí la aparición de spin-off o subproductos que, aunque correctos, nos hacen lamentar la falta de imaginación en la industría, como pueden ser "Rogue One" o "Animales fantásticos y donde encontrarlos", films que no buscan más que continuar exprimiendo la maquinaria del éxito.

Pero también es justo reconocer el trabajo de profesionales de gran calado que siguen fieles a si mismos y hacen que no perdamos la fé en ese oficio que es el arte de hacer películas. Se trata de cineastas como Woody Allen, que no falla ningún año, Clint Eastwood, el último gran clásico, Martin Scorsese, que vuelve siempre con renovada fuerza, o Paul Verhoeven, felizmente recuperado para el cine europeo.

Y puestos ya a repasar mi personal selección de lo mejor que nos ha deparado este año que esta terminando, aquí os dejo mi lista de los mejores del 2016; como siempre, tan discutible como cualquier otra:

- "La Giovinezza" de Paolo Sorrentino, por su incuestionable carga poética;
- "High-Rise" de Ben Weatley, por atreverse a adaptar a J.G. Ballard... y hacerlo bién;
- "The Witch" de Robert Eggers, por su capacidad para renovar el género de terror obviando tópicos y fórmulas;
- "The Neon Demon" de Nicholas Winding Refn, por su hiptnótica puesta en escena, en la que imagen y sonido configuran una simbiosis perfecta;
- "The Handmaiden" de Park Chan-wook, por su sofisticada construcción narrativa, a medio camino entre Hitchock y "Rashomon";
- "Swiss Army Man" de Dan Kwan y Daniel Scheinert, porque es un soplo de aire fresco y porque es más profunda de lo que parece;
- "Elle"de Paul Verhoeven, por su capacidad transgresora y porque supone la feliz recuperación de un director al que los aires europeos le sientan de maravilla;
- "El cuento de la princesa Kaguya" de Isao Takahata, porque su aparente sencillez esconde un elaborado virtuosismo y porque sabe llegar al corazon del espectador apelando a su inteligencia;
- "Carol" de Todd Haynes, por su sutileza, por su elegancia, por su esteticismo, y por la química entre Cate Blantchet y Roney Mara;
- "Demolition" de Jean-Marc Vallée, por su reformulación del drama y su ajustada descripción de personajes;
- "The Revenant" de Alejandro González Iñárritu, porque técnicamente es una filigrana mayúscula, y porque no tiene un solo plano que no sea una belleza.

¿El actor del año? Podría remetir mentando a Jake Gyllenhall, con dos trabajos espléndidos como "Demoliton" y "Animales nocturnos", o a Michael Fassbender capaz de saltar de un melodrama como "La luz entre los océanos" a un blockbuster com "Assassin's creed" con total convicción, pero en vez de ello me voy a quedar con Ryan Gosling, que ha demostrado tener una nada desdeñable capacidad para la comedia en "Dos bueno tipos", que promete arrasar con el (esperadísimo) musical "La La Land" y que además se ha colado en el reparto de la secuela de "Blade Runner" que llegará el año que viene.

¿La actriz del año? Me quedo con dos: Amy Adams, irresistible y conmovedora tanto en "Arrival" como en "Animales nocturnos"; y Ruth Negga, que ha dado un sorprendente salto de la televisión al cine para deslumbrarnos en "Loving", lo último de Jeff Nichols.

¿El director del año? Paul Verhoeven, sin duda. Le perdimos la pista tras la espléndida "El libro negro" en el 2006, y ahora 10 años después nos maravilla con "Elle", gozando de una libertad de expresión que nunca tuvo en la industria americana.

¿El compositor del año? Con permiso de Alexandre Desplat (que no hay año que no nos sorprenda con 2 o 3 trabajos espléndidos), este año quiero destacar a Jóhann Jóhannsson. Solo su trabajo en "Arrival" ya merece todos los elogios por su capacidad para innovar y sorprender.

¿El personaje del año? Pues iba a mencionar a Deadpool, el mercenario bocazas, sin duda alguna uno de los pocos aspectos novedosos en un género, del de lo superhéroes cinematográficos, cada vez más adocenado y ahogado por las fórmulas; pero luego también pensé en uno de los personajes revelación del año, no tanto por su presencia en las salas de cine (que llegará, no lo dudéis), como por la revolución mediática que ha supuesto el lanzamiento del juego Pokemon Go, así que...
 
Y no puedo cerrar este artículo sin mencionar a algunos de protagonistas que, tristemente, nos han dejado este año: el llorado (y jovencísmo) Anton Yelchin (inolvidable Chekov en el "Star Trek" de J. J. Abrams), Gene Wilder (inolvidable, también, doctor 'Fronkonstin' en "El jovencito Frankenstein") nuestra entrañable Chus lampreave, el inmenso Alan Rickman (recordado especialmente por su papel de Severus Snape en la saga de "Harry Potter", los realizadores Michael Cimino ("El cazador", "La puerta del cielo") y Etore Scola ("Una giornatta particolare"), los directores de fotografía Vilmos Zsigmond (que puso luz, entre otras, a "Encuentros en la tercera fase", "El cazador" o "Deliverance") y Douglas Slocombe (que iluminó "El león en invierto", "El baile de los vampiros" o la películas de "Indiana Jones"), y, como no, tres de los más grandes de la música de todos los tiempos y que también han estado vinculados en mayor o menor medida la 7º ARTE: David Bowie, Prince y Leonard Cohen. Descansen en paz.

Y sobreviviendolos a todos, los incombustibles Kirk Douglas y Olivia de Havilland, los últimos supervivientes centenarios del Hollywood dorado.


jueves, 8 de diciembre de 2016

VA DE CINE

Normalmente suelo dedicar más espacio y tiempo a los comentarios de películas que cuelgo en este blog, pero precisamente tiempo es de lo que ando algo excaso ultimamente. No por ello dejo de ir al cine, así que trataré de hacer un breve resumen de algunas de las películas que he visto últimamente.

THE HANDMAIDEN

El coreano Park Chan-Wook se labró fama internacional con films como "Oldboy" (2003) o "Simpathy for Lady Vengeance" (2005), pero confieso que yo no lo descubrí hasta "Stoker" (2013), su primera y, hasta la fecha, única inmersión en la producción americana. "Stoker" me pareció en su día un film interesantísimo, y que reveleba al director coreano como un sútil creador de atmósferas enrarecidas.

Con "The Handmaiden" ("Ah-ga-ssi" en el título original, y "La doncella" en nuestro país), Park Chan-Wook regresa a su país de origen para rodar un film sencillamente sublime, de lo mejor que nos ha deparado este 2016. Una película narrada con un gusto esquisito, cuyo calculado esteticismo en ningún momento se erige en protagonista, sino que se pone al servicio de la historia. Una historia que bebe a partes iguales de Hitchcock y del "Rashomon" de Kurosawa. Park Chan-Wook maneja hábilmente el juego de espejos a partir del cual se desarrolla la trama, manipulando habilmente al espectador y jugando con sus espectativas, para ofrecernos un sugerente entramado de contrastes en el que, a través de las diferentes perspectivas que nos ofrecen sus personajes, va desmadejando su enrevesada trama. Trama que juguetea con el erotismo enfermizo al mismo tiempo que se maneja (y muy bien) con los resortes del thriller clásico. Mención especial a sus dos protagonistas femenidas: Min-hee Kim como la aristocrática y misteriosa Lady Hideko, y Tae-ri Kim como su atribulada doncella Sook-Hee

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? Su elaborada construcción narrativa y su esquisita puesta en escena. ¿Lo peor? Nada.

DOCTOR ESTRANGE

El Doctor Extraño, inspirada creación de Stan Lee y un Steve Ditko en estado de gracia, siempre ha sido uno de mis personajes Marvel favoritos, quizás por aquello de que aunaba la parte superheroica de los comics Marvel con el mundo de la mágia. Y para mí, sin lugar a dudas, tuvo su momento más álgido en el cómic con la llegada de Roger Stern a los guiones y la inspirada psicodelia de Marshall Rogers en los lápices.

Su plasmación en imagen real por parte de Scott Derrickson no decepciona pero tampoco entusiasma en exceso. "Doctor Strange" debe sus mayores aciertos por una parte a un ajustado elenco, en el que destacan, por un lado, un Benedict Cumberbach al que queremos ver interactuar YA con Robert Downey Jr. y Tom Hildeston, y por otro lado una (siempre) sugerente Tilda Swinton. El otro gran protagonista del film son, evidentemente, sus espectaculares efectos especiales. Sin embargo cabría esperar más de Scott Derrickson, firmante de films de terror como "Sinister" o "El exorcismo de Emily Rose". Supongo que la mano de Kevin Feige, mandamás de Marvel Studios, es demasiado larga y eso ha impedido a Derrickson desarrollar una visión más personal del personaje y su entorno. El resultado final es un film espectacular, sumamente entretenido, bien narrado, pero falto de personalidad y demasiado sometido a las premisas de lo que se supone es la 'formula Marvel', a saber: vocación de film para todos los públicos, nula trascencendia argumental, atisbos de humor blanco bien dosificados, parco desarrollo de personajes, respeto máximo a la historia del Universo Marvel tradicional, y acción y aventura a raudales.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? Benedict Cumberbach y Tilda Swinton. ¿Lo peor? Sus concesiones a la 'formula Marvel'.

ANIMALES FANTÁSTICOS Y DONDE ENCONTRARLOS

No he leído "Animales fantásticos y dónde encontrarlos" pero por lo que tengo entendido no deja de ser un falso manual digético sobre las criaturas fantásticas que pueblan el universo de Harry Potter escrito por uno de sus protagonistas. Así pues, por lo que parece, poco daba para hacer una película.

El mayor acierto de los productores de este film ha sido contar precisamente con la escritora J.K. Rowling, creadora de Harry Potter y todo su universo fantástico, para ejercer de guionista de esta nueva 'expansión' del mundo 'harrypotteriano'. Rowling echa mano de imaginación desbordada y elabora una sugerente trama a partir de lo que inicialmente era una simple anécdota. Y lo hace de tal forma que enlaza perfectamente con los personajes y acontecimientos narrados en la saga literaria y cinematográfica del niño mago de Hogwarts, pero al mismo tiempo es capaz de ofrecer una mirada más mádura y oscura, un innegable (y agradecido) giño a lo seguidores adultos de sus libros, sin que ello suponga un olvido hacia sus lectores más jóvenes. Rowling es capaz de regalarnos un relato que a la par de entretenido es capaz de ofrecer interesantes apuntes en clave sociopolítica que no ocultan una mirada crítica hacia el fanatismo.

Y si los productores han tenido un acierto en ofrecerle a Rowling la escritura del guión, su mayor fallo ha sido confiarle la dirección del film (y de las 4 secuelas que parece que va a tener esta nueva saga) a un director tan impersonal como David Yates, que ya había dirigido las 4 últimas entregas de Harry Potter ("La orden del Fénix", "El misterio del príncipe" y las 2 entregas de "Las reliquias de la muerte"). Yates no pasa de ser un artesano sin personalidad, que abusa en ocasiones tanto del sense of wonder (la alargadísima secuencia en que descubrimos en interior de la maleta de Scamander) como del espectáculo pirotécnico (las secuencias de batallas mágicas y destrozos que rozan el destruction porn).

En cuanto al nuevo reparto hay que mencionar a un Eddie Redmayne que abusa de los tics faciales, un sibilino Collin Farrell de cálculada ambigüedad sexual, una sosa Katherin Waterson, una eficaz Samantha Norton en la piel de la fanática Mary Lou y unos divertidos Dan Fogler y Alison Dudol, que aportan una agradecidas notas de humor. Mención especial para el diseño de producción del film, que recrea a la perfección del Nueva York de los años 20, pero una lástima que su director no sepa sacar mayor partido a elementos tan atractivos como el club de jazz regentado por un duende 'gangsteril'.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? Su imaginativa premisa. ¿Lo peor? La falta de personalidad del producto final y ciertos excesos por parte del departamento de efectos especiales efectos especiales.

LA LLEGADA

Una de las cosas que más me sorprenden del canadiense Denis Villeneuve es su eclecticismo a la hora de afrontar proyectos cinematográficos tan dispares como "Prisioneros" (2013), "Enemy" (2013), "Sicario" (2015) o esta "Arrival" ("La llegada" en su título en castellano) que se estrena ahora en nuestras pantallas. Lo más curioso es que es capaz de llevar a buen puerto tan diferentes propuestas, y quizás eso lo convierta en el mejor candidato para dirigir la secuela de "Blade Runner" que está previsto se estrene el año que viene.

En cualquier caso, se trate de un thriller un drama o un film de ciencia-ficción, Villeneuve va a reuir siempre los caminos más trillados del género. Para quién esto firma su film más interesante hasta la fecha sigue siendo "Enemy", hipnótico y muy personal acercamiento al universo de José Saramago, pero "Arrival" no carece ni mucho menos de atractivos, especialmente en la plasmación visual de la historia. Su construcción narrativa tampoco es precisamente convencional y no es hasta el final de la película que el espectador va a tener una idea completa de lo que el film trata de esplicarnos. Villeneuve es un narrador sútil que obliga muchas veces al espectador a hacer un esfuerzo cognitivo y a ordenar las diferentes pistas que el director, de forma directa o indirecta, va plasmando en la pantalla. Ya lo hacía en "Enemy", donde contaba con la complicidad de un desdoblado Jake Gyllenhaal, para exponernos su teoria del doppelganger. Y repite ahora la jugada en "Arrival" hilvanando diferentes líneas narrativas que convergen de manera coherente al final del film. Quizás es en su final donde Villeneuve se traiciona a si mismo exponiendo una poética pero un tanto cursi teoria del lenguage como unificador de culturas. Mención especial para Jóhann Jóhannsson, que construye una de la partituras más arriesgadas e innovadoras de todo lo escuchado en el 2016, y dónde la voz humana juega una papel fundamental, precisamente como reflejo de la importancia que al lenguaje se le da en la película.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? La perfecta fusión entre las imágenes de Villeneuve y la música de Jóhannsson. ¿Lo peor? Cierta sensibleria new age en su tercio final.

ANIMALES NOCTURNOS

Hasta no hace mucho Tom Ford era conocimo como diseñador de moda. Su debut en el mundo del largometraje con "Un hombre soltero" (2009) fue percibido inicialmente como un arrebato intrusista. Sin embargo ese film rebeló que Ford, además de tener buen gusto para vestir y diseñar ropa, también lo tiene para el encuadre y la puesta en escena.

"Un hombre soltero" es un film indudablemente elegante, pero que no oculta cierto amaneramiento formal. La historia que nos narra no carece ni de interés ni de emoción, pero la preocupación, a veces excesiva, de su director por el encuadre no puede ocultar cierta frialdad en el resultado final. Esos mismos defectos son achacables a su nuevo film, "Animales nocturnos". La película se articula sobre dos líneas narrativas claramente diferenciadas: una, la 'real', protagonizada por Amy Adams, y otra, supuestamente ficticia, que bascula alrededor de uno de los personajes interpretados por Jake Gyllenhaal. El echo de que Gyllenhall de vida a dos personajes distintos es precisamente lo que llega a crear cierta confusión en el espectador, no sé hasta que punto intencionada. Curiosamente esa otra historia es la que personalmente me resulta más interesante. Por un lado porque es la que plantea ciertos dilemas morales y la que invita al debate (¿que derecho tiene alguien a tomarse la justicia por su mano cuando los canales oficiales no funcionan como deberían?); por otro lado porque es la que se aleja más del universo estético que Ford ya había explorado en "Un hombre soltero". La trama que bascula alrededor del personaje de Amy Adams se desenvuelve, como ocurría en el film debut de Tom Ford, en un universo de gente guapa, sofisticada, de clase alta, cultivada... En esta trama el director de fotografía Seamus McGarvey (que realiza un trabajo excepcional en film) hace uso de una paleta de colores más fría, donde predominan los azules y los tonos asepticos. Por el contrario, en la historia que narra el incidente en la carretera, y que no deja de ser una narración dentro de la narración, abundan los tonos ocres, más cálidos, reforzando así la sensación de tragedia. En esta otra narración Ford se sumerge en un mundo de 'gente corriente' que le es más ajeno, alejado (presumo) del entorno sofisticado y cool de la gente de la moda y del cine en el que se desenvuelve el director tejano. Quizás por eso mismo su mirada, en esta ocasión, me resulta más interesante.

Mencionar también que Tom Ford vuelve a repetir con el compositor Abel Korzeniowski, que nos regala en esta ocasión un bello tema central de tintes trágicos.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? Todo su elenco actoral, en particular Jake Gyllenhaal y Michael Shannon. ¿Lo peor? Su frialdad y la sensación de ser un producto demasiado calculado.

jueves, 3 de noviembre de 2016

¿ANGELES O DEMONIOS?


Fue “Drive” el film por el cual el director danés Nicola Winding Refn se dio a conocer mundialmente, pese a que ya disponía de una dilatada carrera anterior en su país de origen. En “Drive”, que gozó de una muy buena acogida tanto por parte de la crítica especializada como del público en general, el director contó con la complicidad de quién parecía estaba llamado a ser uno de sus actores fetiche: Ryan Goslin. Goslin y Winding Refn repetirían dueto en el siguiente film del director, “Solo Dios perdona”. Sin embargo, todos aquellos que esperaban ver un thriller estilizado y de tintes románticos al estilo de “Drive” se encontrarían con un film radicalmente distinto. “Solo Dios perdona” tenía, sí, aromas de thriller, pero en esta ocasión los referentes en los que se basaba Winding Ref estaban alejados de la tradición clásica norteamericana y se acercaban más al orientalismo y al cine de Jean-Pierre Melville, cinematografías crípticas donde la atmósfera cobra relevancia y el silencio se erige en protagonista (pienso muy especialmente en “Le Samurai”, film de Melville del 1967).

“Solo Dios perdona” desconcertó a muchos por su atmósfera enrarecida, su ritmo moroso y su argumento indescifrable. Y sin embargo suponía un paso adelante en la cinematografía de su director gracias a una puesta en escena sofisticada e hipnótica, donde la intencionalidad del encuadre se impone a la movilidad de la cámara. Antes que buscar el dramatismo a partir de movimientos de cámara rebuscados o filigranas de montaje, Winding Refn lo consigue mediante la muy estudiada colocación de los personajes en el escenario y la manera en cómo la cámara los retrata. La simbiosis perfecta que Winding logra entre encuadre e iluminación hace que sus escenas adquieran a veces una cualidad cuasi pictórica, que, me atrevería a decir, en ocasiones evocan algunas pinturas de Edward Hopper.

Algunos podrían pensar que “Solo Dios perdona” es una rara avis en la filmografía de su director, pero viendo su último film, “The Neon Demon”, que se alzó con el premio de la crítica en el último festival de Sitges, podemos confirmar que es precisamente la más convencional “Drive”, el film que le dio fama internacional, la película que navega a contracorriente en el resto de su filmografía.

“The Neon Demon” repite muchas de las constantes estéticas y narrativas de su anterior film, a saber: la sofisticación formal, la elegante frialdad de la puesta en escena, el moroso ritmo narrativo, la cripticidad argumental, el gusto por los encuadres rebuscados, la perfecta simbiosis entre imagen y música… Hay algo en “The Neon Demon” que da la sensación de sofisticado ‘producto de diseño’, y del mismo modo que muchos espectadores se sentirán seducidos por su barroco esteticismo, habrá otros que lo rechazarán de pleno argumentando que este se impone a la historia o que ésta resulta pretenciosa o banal. No es esa la opinión de quién esto escribe.

“The Neon Demon’, pese a su refinada apariencia, dista mucho de ser un producto superficial. El film encierra una ácida crítica a la obsesión de la sociedad actual por la imagen, por la necesidad de aparentar y por el exagerado culto a la belleza. La protagonista del film, Jesse, es una adolescente que decide probar suerte en el mundo de la moda. Poco a poco se irá adentrando en dicho mundo y descubrirá que su inocencia y su apariencia de pureza suscitan la envidia y/o el deseo de cuantos le rodean. Jesse poco a poco irá sucumbiendo a los fastos y oropeles propios de dicho mundo, y en el camino perderá parte de su inocencia inicial. Hay una frase del film en boca de su protagonista que puede ser tomada como una declaración de principios: cuando su novio le recrimina que ha cambiado, que ya no es la que era y solo aspira a ser como las demás, Jesse le corrige y le dice “no, ellas quieren ser yo”. Esa necesidad que tienen otras modelos celosas de poseer aquello que han perdido y que Jesse aún retiene, les llevarán a tratar de vampirizar y robar la inocencia de esta última, convencidas de que en cierta forma es la clave del éxito, la llave que les permite continuar siendo deseables.

La mirada que nos ofrece Winding Refn sobre el mundo de la moda y las supermodelos es cínica y a la vez terrorífica, y para hacernos ver su punto de vista se sirve de recursos propios del cine de terror: la fotografía muy contrastada, el uso de contraluces, la música atmosférica, los decorados austeros… La violencia que nos muestra el film no es tan física (pese a las ocasionales escenas de violencia explícita) como moral, y para recalcarlo Winding Refn se sirve en ocasiones de la elipsis narrativa, para reforzar precisamente esa sensación enfermiza, dejando a la imaginación del espectador la libertad de especular sobre lo que está ocurriendo en pantalla. Es harto ilustrativa la secuencia en que Jesse tiene su primera sesión fotográfica: el fotógrafo el pide que se desnude, a lo cual ella accede, y acto seguido comienza a maquillarla para la sesión de fotos; la secuencia es sensual y malsana a partes iguales, y está concebida casi como una violación, a la cual Jesse reacciona en parte con repugnancia y en parte con disfrute.

Hay dos aspectos de este último film de Nicolas Winding Refn que me gustaría destacar: por un lado, el buen trabajo actoral, con una sorprendente Dakota Fanning a la cabeza, interprete perfecta capaz de otorgar a su personaje las necesarias notas de inocencia, pero también de adquirir una expresión diabólica cuando es necesario. Conviene reseñar la escasa libertad que el director ha permitido a sus actores en esta ocasión, todos excesivamente contenidos, controlados, casi encorsetados, lo cual no hace sino reforzar aún más el clima malsano que el director quiere transmitirnos, deshumanizando a los personajes, como si estos individuos que forman parte del mundo de la moda fuesen una suerte de extraños alienígenas carentes de emoción o empatía. El otro punto a destacar, que por otro lado ya estaba presente en sus dos anteriores films, “Drive” y “Solo Dios perdona”, es la extraordinaria selección musical y el acertado uso que se hace de las canciones en el film, perfectamente integradas en la partitura electrónica de Cliff Martínez.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? Los riesgos formales que asume su director, y en especial su hipnótica y sofisticada puesta en escena. ¿Lo peor? No es un film apto para todos los paladares; su ritmo, y su propia y deliberada extrañeza, pueden espantar a más de un espectador.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

EL HOMBRE MULTIUSOS


La ganadora de la última edición del festival de Sitges, y además revelación en el último festival de Sundande, "Swiss Army Man", viene firmada por Daniels, que en realidad es el pseudónimo por el cual se dan a conocer los dos realizadores de este film: Dan Kwan y Daniel Scheinert. Ambos, con una larga carrera en el mundo del corto y la televisión, debutan ahora en el terreno del largometrage con una película que no ha dejado indiferente a nadie, pero que en la humilde opinión de un servidor supone un más que prometedor debut.

Para los que no lo sepan una 'swiss army' es lo que habitualmente se conoce como una navaja suiza multiusos, y el sentido del título se hace sobradamente entendible a medida que este avanza. El argumento del mismo es fácil de explicar: Hank es un naufrago que se encuentra atrapado en una ísla mínima. Cómo ha llegado allí no lo sabremos y la verdad es que carece de importancia. La soledad y el aislamiento (suponemos) le lleva al suicidio, y de de hecho es así como arranca el film, con Hank a punto de ahorcarse en un arbol mirando a la playa. Sin embargo su intento de acabar con su vida es interrumpido cuando Hank es distraido por la presencia en la playa de otro cuerpo (que tampoco sabremos cómo ha llegado allí... y tampoco importa). Hank advierte que el individuo está muerto y cuando está a punto de reanudar su itento de suicidio, el cadaver deja escapar una sonora y violenta flatulencia, lo que le dará a Hank una idea de como salir de la isla desierta. No desvelaré más pues es a partir de dicho punto cuando descubriremos poco a poco la razón del título del film. Pero más allá de las diversas anecdotas que iran desvelando los 'usos prácticos' que Hank da al cadaver, el primero descubrirá el nombre del segundo, Manny, y entablará una relación con el mismo. Una RELACIÓN con mayúsculas, pues entre Hank y Manny surgirá un sentimiento de amistad sincera. ¿Cómo? ¿Es posible entablar algún tipo de relación (puntualicemos: no enfermiza) con un cadaver? Pues "Swiss Army Man" viene a explicarnos que sí, y lo hace recurriendo a una rocambolesca pirueta argumental que pondrá a prueba a más de un espectador.

"Swiss Army Man" es un film tan bizarro como emotivo, tan extravagante como bello, tan extraño como sensible. Quienes hayan visto el trailer posiblemente se quedarán con los detalles de cómo sus directores y guionistas hacen uso de la escatología en la película. Quedarse con esos detalles es quedarse con una visión muy superficial del film, y rehuir el visionado del film a causa de ello es perderse una película que es mucho más profunda y compleja de lo que parece a simple vista.

Habrá que ver que nos deperan los Daniels en futuras propuestas cinematográficas, pero este primer largo es una muy agradable sorpresa, un film original que por sensibilidad y por estética los hermana con la forma de hacer y entender el cine de Spike Jonze o Michel Gondry. Hay algo de "Her", de "Donde viven los monstruos", de "Olvídate de mí", de "La ciencia del sueño", de "La espuma de los dias" en esta cinta de los Daniels. "Swiss Army Man" nos habla de la soledad, de la alineación del individuo, de la necesidad de formar parte de algo. Como "Her" u "Olvídate de mí", los Daniels nos proponen en su film un análisis lúcido y agudo del comportamiento humano, desde una óptica no exenta de ironia, pero tampoco de comprensión e incluso de dulzura. Y al igual de "La ciencia del sueño" o "La espuma de los dias", los Daniels hacen uso de una narrativa inusual y una puesta en escena barroca, incluso estravagente, que bebe directamente del surrealismo más demecial. Pero a diferencia de Spike Jonze, el humor del que hacen uso los Daniels es más negro: la sutileza de aquel da paso a un trazo más grueso, en el que la escatología es usada como recurso humorístico pero sin caer nunca en la vulgaridad. Y al igual que Michel Gondry, los Daniels también recurren al realismo mágico para explicarnos una historia de amistad entre un naufrago y un cadaver, bien que la puesta en escena de los Daniels es más contenida que la de Gondry, aunque por momentos igualmente lírica y poética.

"Swiss Army Man" es un film simpático, pero también triste, muy  triste, porque nos ofrece el retrato desencantado de un individuo que por encima de todo busca ser amado. Estimulante, original, sorprendente, divertida, estravagente... son solo algunos de los calificativos que pueden definir una propuesta cinematográfica que a buen seguro no va a dejar indiferente a nadie, y que tiene una de sus mejores bazas en el hecho de que no es un film fácil, que pone a prueba al espectador, proponiéndolo que entre en un juego peculiar al que quizás no quiera acceder de buena gana. Personalmente creo que aquellos que se dejen llevar por la inventiva y la originalidad de "Swiss Army Man" van a descubrir uno de los grandes films del año.

Además del premio a la mejor película en el último festival de Sitges "Swiss Army Man" obtuvo el reconocimiento a Daniel Radcliffe en calidad de mejor interpretación másculina. Lo cierto es que el interprete de "Harry Potter" está haciendo esfuerzos improbos por quitarse el sambenito del 'niño mago de Hogwarts', y hay que reconocer que al igual que Robert Pattinson y Krister Stweart (protagonistas de la saga "Crespúsculo") está conduciendo su carrera con inteligencia. Stewart nos ha sorprendido con sus trabajos en films como "Viaje a Sils Maria" (Olivier Assayas, 2014), "Siempre Alice" (Richard Glatzer, 2014) o el último film de Woody Allen, "Café Society" (2016); Pattinson nos ha embelesado en trabajos como "Cosmópolis" (David Cronenberg, 2012) o "The Rober" (David Michôd, 2014); Dadcliffe no se queda atrás asumiendo riesgos como "Equus" en teatro, "A youg doctor's notebook" en televisión o "Kill your darlings" (John Krokidas, 2013) en el cine. En esta "Swiss Army Man" asume el riesgo de dar vida a un cadaver flatulento de muy limitada movilidad pero mucho más expresivo de lo que pudiera parecer a simple vista. Pero no seria justo alabar el trabajo de Daniel Radcliffe y olvidarnos del que lleva a cabo su compañero de reparto, esplendido en films como "There will be blood" (Paul Thomas Anderson, 2007),  "Prisioneros" (Denis Villeneuve, 2013) o "La Giovinezza" (Paolo Sorrentino, 2015), y que en este films de los Daniels da vida a un personaje lleno de matices, rico, complejo y sensible, con el que el espectador fácilmente llegará a sentir empatía.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? Todo. ¿Lo peor? Nada. Tan solo que cierta parte del público pueda rechazar de antemano el film sin haberlo visto, guiándose únicamente por la (muy equivocada) idea de que estamos ante una cómedia fácil de sal gruesa.

lunes, 22 de agosto de 2016

HASTA EL INFINITO

Con las películas de Star Trek me pasa algo parecido que con las de James Bond: no soy fan de la saga original, pero me gustan las recientes reformulaciones de la saga cinematográfica. En más de una ocasión he comentado que los films de la saga del agente 007 me parecen infantiles, pero que el “Casino Royale” dirigido por Martin Campbell en el 2006 no solo reavivó mi interés en la saga (que había perdido por completo desde mi adolescencia con la etapa protagonizada por Roger Moore), sino que me parece el mejor film de toda la historia de la saga Bond. Muchos fans acusaron ese reboot del personaje como una traición a las esencias clásicas del mismo, por estar influenciado en exceso por otra saga de espías mucho más reciente, la de Jason Bourne. Yo personalmente aprecié los intentos (para mí logrados) de reformular el personaje y su entorno, dotándolo de mayor crudeza y verosimilitud, alejándolo de la imagen de ‘super-espía’ y prescindiendo de los clichés y tópicos más evidentes de la serie: el Q entrañable, la Moneypenny florero, los gadgets ridículos, los villanos de opereta…. Por ese motivo me parece errado el camino emprendido por Sam Mendes en las últimas películas interpretadas (y muy bien) por Daniel Craig, intentando recuperar el sabor añejo de la serie, pues provoca por un lado una sensación de dejá vu, a la vez que tira por tierra algunos de los avances e innovaciones introducidos por Campbell.

En el caso de Star Trek mis sentimientos no son exactamente iguales, pero mi postura es similar. Aprecio, y mucho, el enfoque humanista que Gene Roddenberry quiso imprimirle a la serie de televisión, pero me repelen un tanto su ingenuidad y su punto de vista naif. Su tratamiento de los personajes es tan entrañable como plano, sin fisuras ni escalas de grises, y por lo tanto aburrido. De la primera adaptación cinematográfica de la saga dirigida por Robert Wise en el año 1979, un tanto a rebufo del éxito de “Star Wars”, conservo el recuerdo de los espectaculares efectos especiales de los genios Douglas Trumbull y John Dykstra, y de la majestuosa partitura musical del maestro Jerry Goldsmith. La siguiente entrega, “La ira de Khan”, está considerada por muchos como el mejor film de la saga, pero confieso que guardo de ella un recuerdo confuso, pues no la he vuelto a ver des de mi niñez, así como algunos de los films posteriores, incluidos los de la nueva generación.

Cuando J. J. Abrams aterriza en la saga para hacerse cargo de la dirección, lo primero que propuso es hacerle un ‘lavado de cara’ a la serie, algo que sentó mal a los fans más veteranos, pues consideraron (quizás con razón) que traicionaba la esencia de la misma y los ideales originales de Rodenberry. Abrams decidió ‘rejuvenecer’ a los protagonistas y potenciar el tono más aventurero de la saga, redundando en espectaculares escenas de acción y en un copioso despliegue de efectos especiales que, no obstante, estaban al servicio de la historia. Podría decirse que Abrams acercó Star Trek más al espíritu de otras sagas cinematográficas espaciales como Star Wars. No deja de resultar curioso que la jugada que tan bien le funciono con la saga trekie, no le haya dado iguales resultados en “El despertar de la fuerza”. Abrams se aproximó al universo trekie con un espíritu totalmente desprejuiciado, tratando de hacer suya la serie y los personajes. En este aspecto, el retrato de los personajes que hizo Abrams casi hace olvidar a los clásicos integrantes del Enterprise: dotó de humor y espíritu canalla a un James T. Kirk al que Chris Pine le otorga un atractivo que no posee el muy mediocre William Shatner; Zachary Quinto sale bien parado de la papeleta de dar vida a un Spock que, no obstante, no posee el carisma y la flema que aportaba el llorado Leonard Nimoy; Zoe Saldana hace más aguerrida y atractiva la Uhura interpretada por una Michelle Nichols de limitadas capacidades interpretativas; Anton Yelchin resulta mucho más entrañable en la piel de Chekov que Walter Koening; pero sobretodo donde la versión cinematográfica gana por goleada es con la presencia de Karl Urban y Simon Pegg, infinitamente más carismáticos (y divertidos) en sus respectivos papeles de McCoy y Scotty que DeForrest Kelley y James Doohan; respecto al personaje de Sulu hay que admitir que John Cho resulta bastante más soso que el entrañable George Takey.

Abrams dirigió las 2 primeras entregas de este reboot, con algún ligero tropiezo en su segunda aportación a la saga, “Into the Darkens”, que se beneficia de la presencia actoral de un Benedict Cumberbach que es infinitamente mejor actor que Ricardo Montalbán, pero cuyo Khan no posee la fuerza, sobre el guion, que el interpretado por el actor de origen mexicano.

Cuando surgió la propuesta de continuar la saga en un tercer film, Abrams le cedió la batuta en la dirección a Justin Lin, para trasladarse él mismo a otra saga tanto o más icónica, la de Star Wars. No deja de resultar irónico que su aporte en la saga ideada por Geroge Lucas haya resultado una de las más criticadas e insatisfactorias, ya que, al margen de decisiones argumentales controvertidas (matar al personaje de Han Solo), Abbrams se enfrentó a dicha saga con un exceso de reverencia y respeto que han terminado perjudicando el resultado, cuando en realidad le hubiese resultado más rentable hacer uso de la misma falta de prejuicios con los que afrontó su acercamiento a Star Trek.

El firmante de este “Beyond”, Justin Lin, que viene de la saga cinematográfica de “Fast & Furious” aporta mucho más nervio que su predecesor. Quizás demasiado, lo que provoca que algunas secuencias de acción acaben resultando demasiado confusas. Lin aporta un cierto espíritu macarra y ‘molón’ a la saga, lo cual estaría bien si no se hubiese olvidado de en qué serie está. También es cierto que Abrams le dejó a Lin los ‘deberes hechos’ y éste último no tiene por qué esforzarse demasiado en el retrato de personajes, perfectamente definidos en las dos entregas previas, e interpretados por un grupo de actores más que solventes. Quizás la mayor debilidad de la película la muestra precisamente en el retrato que ofrece del villano de turno, Krall, un personaje que comparte con sus predecesores en el papel el estar interpretado por grandes actores (Eric Bana en el papel de Nero, Benedict Cumberbach como Kahn y ahora Idris Elba dando vida a Krall) pero estar al mismo tiempo dibujado de manera un tanto esquemática esquemática.

Lo que no se puede negar de este “Star Trek. Beyond” es que entretiene, y que como blockbuster veraniego cumple con creces. Incluso se agradece que sus efectos especiales, sin duda una de las bazas fuertes del film, están al servicio de la película y no al contrario, como ocurre con otras propuestas recientes como el despropósito de “Escuadrón Suicida”. Se nota que Justin Lin, firmante, no lo olvidemos, de 3 de las entregas de “Fast and Furious”, prefiere rendirse al trabajo de los especialistas de acción que no al del departamento de efectos especiales.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? Simon Pegg, siempre genial, y Karl Urban; lástima que no tengan secuencias juntos. ¿Lo peor? Por un lado, que se hayan olvidado de los valores humanistas que Gene Roddenberry imprimió a la serie de TV; por otro, el exceso de ‘molonismo’ de algunos momentos, como aquel en que detienen la invasión extraterrestre utilizando música punk-rock de los Beasty Boys, momento más propio de ‘Fast & Furious’ que no de Star Trek.